sábado, 16 de agosto de 2008

EL poder de Sacralizar


Me parece fantástico el poder que tenemos los seres humanos para sacralizar los objetos, en efecto es impresionante el poder de crear, de mover las energías del universo local o hasta un cierto alcance de manera que los objetos, las circunstancias, los pensamientos, y las costumbres se doblen hacia ciertos rituales que verdaderamente son significativos y otorgan un continuum al poder creativo original.

Recuerdo los días en que vivía mis vacaciones en Querétaro y disfrutaba cada esquina de la ciudad colonial, degustaba cada iglesia como si fuera un enorme caramelo que no quería deshacer al primer mordisco, ni siquiera quería que cada lugar se gastara con mi visita y sin embargo me gustaba (y me sigue gustando) regodearme del arte, de lo sagrado y de la energía colectiva depositada en cada lugar.

Estoy ahora viviendo en una ciudad que se comienza a formar, y me doy cuenta de que soy pionero de muchas de las creaciones que van ocurriendo en este lugar. Tengo planes, pero lo que más anhelo es sentir este arropamiento que los lugares sagrados dan… En Cancún no existen, todavía… al menos no del estilo que me gusta, porque se sacralizan lugares de diversión como si fuera la iglesia dominical o la sinagoga sabatina o la meca de la diversión y cada año fuera un día (por aquello de tener que visitar la meca)

Y vuelvo a sorprenderme por el poder humano, la creatividad dispuesta en pos de lo sagrado, evidente muestra de que somos tan creadores del universo como cualquier célula de el Dios omnipotente, pues lo que hemos construido en la historia y en el planeta tiene un poder imponente ante muchas de las debilidades y realmente provocan la sumisión y el asombro. Tanto las bellas artes, como las doctrinas que las acompañan. Esto es lo que nos hace humanos, la capacidad de organizarnos y fundamentar nuestras almas en simples ideas… y de ahí surge todo lo demás: ciudades, religiones, culturas, y todo lo que de estas deriva.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Nueva Esperanza


Hoy tengo una nueva esperanza, tengo que hablar de ella porque hace mucho que no tenía una esperanza así. Lo extraño es que viene sola, sin un evento que la anuncie, sin una persona que la cargue, simplemente es una luz que ha surgido en mi mente. Un ángel que me ha soplado al corazón y me ha dicho: “Aguanta, no temas, todavía vienen cosas mejores”. Así me ha llegado esta esperanza, como una inspiración. Como parte de la vida que debe fluir y continuar, nunca termina. La nueva muerte es un cambio, y está anunciado ahora un cambio, pero a favor, y cuando se siente el aroma del nuevo viento a favor, a eso se le llama esperanza

La esperanza suena a música de voces, es un coro lejano de niños o ángeles que se une al sonido del viento, de la vida, de las respiraciones y de los latidos del propio corazón.
La esperanza huele a pan dulce, a galleta recién horneada, huele a flores dulces y frescas, como los jazmines, las lilys o las gardenias.
La esperanza sabe a agua fresca. Es del color del sol al amanecer, que aunque calienta no quema, sino que más bien subraya el frescor de la mañana. Es una larga y profunda inhalación con su respectiva exhalación en un sonoro y liberador suspiro.

Hoy tengo una esperanza nueva, y tengo que hablar de ella porque hace mucho que no tengo una esperanza así.